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CARTA QUE DARÉ AL EXTRAÑO EN EL ESPEJO ANTES QUE OLVIDE SU EXISTENCIA.

Un día, cuando apenas reconozcamos nuestros nombres, miraremos atrás y sonreiremos por todo lo que fue. Miraremos el rincón oscuro de nuestro secreto como el mismo jardín del  Edén.

Cuando ese día llegué quiero que sepas que iluminaste muchos momentos tristes de mi existencia. Fuiste guía en momentos de oscuridad y ejemplo para muchas cosas en las que he creído.

El mundo nos regalo la maravillosa experiencia de que el azar nos juntará en un momento y espacio específicos; seguramente tú, como yo, te maravillaste de todos los caminos a donde nos puede llevar la incertidumbre. Muchas veces dudamos de la existencia del otro y otras tantas nos engolosinamos con la concurrencia de motivos y sueños.

¿Cuándo es que alguien nos deja de ser extraño? ¿Cuándo iniciamos a reconocernos en otro?  Yo pensaba que era necesario mucho tiempo, palabras y corporalidades para que sucediera. Y sin embargo hoy sé que tan solo se necesita mirarse en el mismo espejo y encontrar la palabra correcta para decir somos dos que miramos hacia el mismo lugar.

¿Cuánto durará nuestro reflejo? ¿Será suficiente para llevarme tus ojos en la mente?

Si un día sucede que te olvide o quizás tú no recuerdes hacia donde mirabamos. Quisiera que conservaras estas palabras para que al menos puedas dibujar el contorno de esa mujer que un día sonrío al mirarte en el espejo persiguiendo los mismos sueños.

Qué nos llueve la vida…

Dice Borges que ‘la lluvia es una cosa que sin duda sucede en el pasado’ yo creo que sí porque cada que llueve, invariablemente me entra en los huesos una irrefrenable melancolía por el ayer.

Recuerdo aquellos aguaceros de mayo en mi niñez cuando los ojos se maravillaban ante el espectáculo portentoso de la naturaleza. Y qué decir de aquellos días en que corría junto con mis hermanos brincando charcos y compitiendo por levantar la ola más grande.

Y bueno claro con el reloj inexorable de las hormonas llegó el tiempo de lluvia al que canta Serrat: ‘Es tiempo de lluvia, tiempo de amarse a media voz, De oír de nuevo el tic tac del reloj, Es tiempo de lluvia, de vivir de beso en beso, Entre paredes de yeso, y dejar los días correr…’

La lluvia sucede en pasado, Sí. Porque después de la tormenta viene la calma. Y así es que vivo, en un presente soleado con los frutos por nacer que me recuerdan que ayer pasó por aquí  la lluvia fecunda que me hizo admirar, jugar y amar.

Y agradezco a la mariposa que aleteó en aquél rincón de Borneo y trajo aquí el agua bienaventurada que ruidosa arrasa con todo eso que acumule y que ya no sirve más aquí. Esos restos que seguramente harán damnificados a muchos de los que quiero y a otros tantos que ni siquiera imagino. Los muertos de mi felicidad los llamó Silvio.

Sí la lluvia es así. Pretérita, irreverente, indomable, renovadora. Nada hay que podamos hacer frente a ella, lo quiera o no vendrá a llevarse eso que tanto duele, aquello que no sé olvidar, quizá alguna alegría.

‘Llueve otra vez detrás de mis frontales…’ canta Silvio mientras me pregunto qué o quién se habrá ido de aquí mañana que el sol brille en el firmamento.

¿A quién le exigimos la paz?

Hay quienes preguntan ¿por qué no se les exige a los delincuentes que se detenga la violencia? Ustedes me perdonarán pero yo nomás no entiendo lo lógica de eso. ¿Y honras de que tendría yo que exigirles eso? Ya lo he dicho en otra parte y lo suscribo aquí: hacer eso es convertirlos en interlocutores válidos. Sería concederles una representación y un poder que, se supone, no queremos que tengan.

Entonces ¿por qué si exigírselo al gobierno federal? Precisamente por eso mismo. Porque, se supone, tienen una representación y un poder que nosotros como ciudadanos les hemos dado.  Aún si decimos que en 2006 no votamos por Felipe Calderón, lo cierto es que al reconocerlo como presidente, al participar de la vida pública, pagar impuesto y contribuir al funcionamiento del Estado, de algún modo estamos legitimando su mandato.

Así que hasta donde yo entiendo por lo dicho por los promotores de la Marcha Nacional por la Paz y la Justicia, no se está negando esa legitimidad; por el contrario apelando a esa legitimidad es que le pedimos que escuche la voz de los ciudadanos.  Se lo pedimos a él precisamente porque esa es una de sus funciones como presidente de la república, porque están en sus manos las decisiones y las políticas. ¿Por qué tendríamos que pedírselo a los delincuentes?

No le pedimos que detenga el combate a la delincuencia, solo que lo haga tomando en cuenta otros caminos y no solo la militarización. Que se ponga más énfasis al combate a la corrupción, a las políticas de desarrollo  y empleo y la reconstrucción del tejido social.

No le pedimos que detenga el combate a la delincuencia, solo que ese combate se haga respetando los derechos humanos y no se criminalice a ninguna persona o grupo social por su apariencia o su nivel económico.

No le pedimos que detenga el combate a la delincuencia, solo que existan más y mejores espacios para la participación de TODOS los ciudadanos en la construcción de las políticas y las estrategias.

No le pedimos que detenga el combate a la delincuencia, solo que de la mano construyamos una cultura de paz y justicia y no de odio y polarización.

En resumidas cuentas, exigimos que este sea un país democrático en el que todos podamos expresar nuestras ideas y construir el espacio público. Para ello claro, es necesario la disposición de las todas las partes.

Y es que el asunto no debería ser quién tiene la razón.  No, en estos momentos el objetivo es de una importancia mayor: el futuro de nuestro país. Por eso hoy más que nunca necesitamos unirnos, dialogar y construir juntos porque está en juego nuestro porvenir.

Celebro pues la iniciativa de quiénes han convocado y participado en esta marcha, respeto a quién ha decidido no hacerlo y hago votos por que las autoridades de este país, a quienes les hemos dado ese encargo, tengan la sensibilidad de comprender la urgencia de construir con los ciudadanos un mejor futuro.

Eso sin duda, será la mejor arma contra los delincuentes.

El Mensaje de un Presidente

Una vez más Felipe Calderón nos mandó un mensaje en cadena nacional. Una vez más se obstina en ser monotemático, mientras esperábamos nos informará los porqués, las responsabilidades y las acciones de Estado frente a la desgracia en Coahuila, él solo nos vuelve a insistir: No hay otro camino más que la guerra y la vamos a ganar.

Y bueno, no podemos negarle que es un hombre de voluntad férrea y alta resistencia ante la crítica, capaz de mantener sus ideas inamovibles frente a cualquier propuesta. Innegables cualidades que sin embargo lo acercan más a un líder autoritario que a un presidente democrático.

En un régimen democrático la opinión de los ciudadanos es escuchada. Los ciudadanos tienen voz y tienen canales para que sus propuestas sean evaluadas y puestas en práctica. Esto es algo que parece que se les ha olvidado a nuestras autoridades.

Por eso mismo, desde el presidente de la república hasta el funcionario que nos atiende en la ventanilla de trámites, tienen siempre la misma actitud: Usted no sabe lo que es bueno para su bienestar, hágale caso a la autoridad que sólo está pensando en su bien.

Habrá que recordarle al Señor presidente que él ejerce un cargo en donde representa los intereses de todos los mexicanos y que por eso mismo es su OBLIGACIÓN escuchar, evaluar y materializar las opiniones de los ciudadanos.

Si Felipe Calderón no se obstinará en tener la razón y escuchará, pero sobre todo analizará, los gritos de “Ya basta”, “No más sangre”, “No más violencia” se daría cuenta de que hoy la población le pide que cumpla con sus labores de hombre de estado.

Se daría cuenta que para ser un estadista no basta con tener la razón sino que es necesario brindarle certezas y valores a sus gobernados; y que para ello es necesario brindarle voz y respeto a las opiniones de todos.

Sabría que más que una batalla ganada al crimen organizado, necesitamos saber que nuestra integridad será respetada por las fuerzas armadas. Calderón no se da cuenta que más que cuestionar su ataque contra la delincuencia, se ataca las formas en que se ha actuado; que se ha fallado en la estrategia de esta guerra y que para ello están 40,000 muertos de prueba.

Pero quizá sea necio hablar de esto, de sobra sabemos que el presidente Calderón no es un estadista, ni un hombre de estado. Es tan sólo un político obstinado en tener la razón. Esperemos que cuando al fin la tenga exista aún un país que gobernar.

Yo no soy activista…

Con cariño para los compas de @ContingenteMx

¿En qué piensas cuando alguien habla de ser activista o de hacer activismo? Yo siempre pienso en Mahatma Gandhi y en Martín Luther King. En el enorme legado que nos dejaron. Sus palabras y su ejemplo han inspirado a generaciones enteras para realizar cambios.

Guadalupe Rodríguez de http://activistas.nireblog.com/ dice que ‘ser activista es ser alguien que esté donde esté, haga lo que haga, no puede evitar pensar en la gente, en la sociedad, o sea, en alguien más que ella/él o sus seres queridos…’. Una tarea muy dificíl.

Esa definición me trajo a la mente un cuento zapatista llamado “Los de después sí entendimos” que habla de un hombre que se dedicaba a sembrar árboles que sabía que no vería ¿Para qué trabajas en cosas que no vas a ver nunca terminadas? Le preguntaban.

Yo la verdad confieso que no sé si soy lo suficientemente consciente, entusiasta  y convencida  para pensarme como activista. Suelo ser dispersa, desconfiada, demasiado crítica y no en pocas ocasiones egoísta. Sin embargo las redes sociales me han permitido conocer personas entusiastas que trabajan duro por causas en las que creen firmemente, por las que luchan y que están convencidas de que este puede ser un país mejor.

A veces me agobia no hacer lo suficiente, no trabajar tan duro como ellos. Trato de compartir, de apoyar, pero no me alcanza la vida, ni las fuerzas. Y muchas veces he sentido que he fallado y que podría hacer más. Es cierto, yo no me ufano. Alguna vez he participado en alguna actividad,  además he conocido gente realmente admirable, pero la verdad sería mucha presunción llamarme activista.

Sin embargo, esta toma de conciencia sobre lo que no soy, me ha servido para entender también que hay cosas que puedo hacer, a valorar mi trabajo y saber que cualquier cosa que haga en la vida influye y cambia al mundo. Es cierto, no soy activista pero eso no me impide construir, imaginar, contribuir a construir una mejor sociedad.

Después de un rato de meditarlo, comprendí que el cuento zapatista tiene un doble mensaje. Habla de soñar, de trabajar en cosas que quizá no veamos terminadas pero que construirán el futuro. Pero el final de la historia habla también de entender, de respetar el trabajo de esos soñadores: Los de después sí entendimos.

Y eso es lo que trato de hacer, quizá no soy activista, pero conozco a varios. Y desde este humilde espacio les digo: Yo sí entiendo, yo sí agradezco su trabajo y trato de poner un granito de arena para el futuro.

Es muy posible que muchos de nosotros no podamos llamarnos activistas, o quizá no queramos serlo. Sin embargo, eso no debería impedirnos reconocer el trabajo de tantas y tantas personas que en este país trabajan arduamente por alguna causa que construya un mundo mejor.  Así que la próxima vez que se encuentren en el camino a un activista en lugar de preguntarle ¿Para qué trabajas en cosas que no vas a ver nunca terminadas? Mejor díganle: Yo sí entiendo, reconozco y valoro tu trabajo.

Desmemoriados

nunca la vida es nuestra, es de los otros,
la vida no es de nadie, todos somos
la vida pan de sol para los otros,
los otros todos que nosotros somos,
soy otro cuando soy, los actos míos
son más míos si son también de todos,
para que pueda ser he de ser otro,
salir de mí, buscarme entre los otros,
los otros que no son si yo no existo

Octavio Paz, Piedra de Sol

Según el INEGI  más de la mitad de la población en México es menor de 30 años, esto es un poco más de 63 millones de hombres y mujeres. Estos jóvenes y niños nacieron entre 1981 y el 2010.

¿Qué saben ellos de esos 30 años en los que les ha tocado crecer? Podría ser esta una pregunta trivial. Sin embargo encierra en si misma un problema mayor: La construcción de nuestra memoria, de ese conjunto de sucesos que se vuelven referente del camino que queremos construir y del que hemos recorrido.

Y no, que no se mal interprete no estoy pensando en el pasado idílico en el cual refugiarnos. No, mi preocupación esta en el presente, el hoy que se nos aparece tan cargado de desesperanza, de caminos sin salida. Y por eso mismo apelo a la memoria, a esa recuperación del pasado que ya fue, pero que construyó nuestro presente.

¿Cómo entender la problemática de los NiNis sin apelar al abandono sistemático del sistema educativo desde hace dos décadas? ¿Cómo no cuestionar la actuación de la izquierda sin mirar hacia atrás y recordar el largo camino que se construyó? ¿Cómo abordar los principios del PAN sin recurrir a Maquío? ¿Cómo negar que la llegada de Vicente Fox a la presidencia significo un hito en la historia política de nuestro país?

¿Por qué recurrir a la memoria?  Porque no podemos construir el futuro sin  ver el camino recorrido. En esta sociedad tan devastada por el presente, necesitamos referentes que nos hagan pensar en mundos posibles y trabajar por ellos. Todos los sucesos que mencione y tantos otros han marcado la vida de alguien, nos han aglutinado como comunidad o nos han polarizado.

Es cierto, la memoria siempre es múltiple, fragmentada, en constante movimiento. Y sin embargo tenemos que construirla en conjunto, convertirla en referente, usarla de materia prima para el futuro. Y ese es quizás el punto. Para construirla, para recuperar el pasado tenemos que dialogar, acordar, conocer al otro y sus anhelos. La memoria es un terreno pantanoso pero sumamente enriquecedor.

Y no, ‘hacer memoria’ no es una ocupación ociosa, por el contrario, nos coloca frente  a frente con lo que somos y nos muestra alternativas. En un momento en donde las autoridades y los poderes fácticos nos quieren convencer que no hay otros caminos, es necesario recordar, recuperar los senderos recorridos.

Porque la memoria es también imaginación, de esa que tanta falta nos hace ahora que parece que todos los males y todas las soluciones tiene un sólo camino.  ¿Todos los problemas de este país se solucionarán con la guerra contra el narcotráfico? ¿Todos los problemas que vivimos están relacionados con la violencia?

Yo creo que no, y debo confesar que a veces me disgusta que el tema monopolice la opinión pública ¿y el desempleo, el desarrollo, la educación, la corrupción, la inclusión, los derechos?  Quizá si atacáramos esos problemas disminuiríamos el poder que tienen los carteles de la droga.

Este no es el país que era hace treinta años, y claro es lógico, pero sería bueno mirar atrás para saber porque estamos aquí. Y no para lamentarnos o enfurecernos, sino para tomar culpas y responsabilidades, complacencias y omisiones.

Porque si hemos de caminar hacia adelante, tendremos que hacerlo juntos, con todo lo que somos, con todo lo que no compartimos. La unión hace la fuerza dice el refrán.  Hasta ahora sabemos quiénes han estado unidos, quienes tienen la fuerza. En nosotros está la decisión.

En esos 63 millones de jóvenes está la esperanza, pero no podemos pedirles que construyan el futuro si nosotros no les damos las armas. La memoria por ejemplo.

Bienvenida

Hola,

que bien que pases por este espacio. Espero que lo que escribo aquí te sea de alguna utilidad.

Hace algún tiempo intenté escribir un blog, pero la verdad es que la experiencia fue fallida. Después descubrí Tuiter que me cautivo por su formato y por su frescura. Realmente es un gran ejercicio eso de escribir en 140 caracteres.

A pesar de encostrarme bastante a gusto en el tuiter, descubrí que había cosas que no caben en 140 caracteres, por su complejidad y contexto.

Así que decidí intentarlo de nuevo y aquí estoy con este blog donde quiero hablar de las cosas que me preocupan del mundo contemporáneo y que requieren de mayor espacio.

Sé bienvenida(o) a este mi nuevo espacio.Eres libre de coexistir acá, solamente te aviso que no se aceptan ningún tipo de propaganda partidista y/o religiosa. ¡Ah, claro! Aquí somos bugas pro